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jueves, 4 de junio de 2015

100ª CONMEMORACIÓN DEL GENOCIDIO ARMENIO

Discurso  de Mons. Pablo Hakimian, el 31 de mayo, frente a la Catedral Armenia Católica de Buenos Aires

Cien años pasaron, desde aquel horrendo día que tocó vivir a los armenios en 1915. Año tras año, reclamamos, conmemoramos, celebramos misas y responsos, se dan conferencias en todos los fueros internacionales, se hacen marchas y continuamos pidiendo justicia y reconocimiento.   La espera se hace larga pero llegará el premio final.
Desde esta Parroquia y en esta Catedral el 17 de agosto del 2014, el Cardenal Mario Poli, Arzobispo de Buenos Aires, al celebrar los 90 años de la Comunidad Armenia Católica en la Argentina, anunciaba a los armenios como primicia, que el Papa Francisco celebraría  una Misa en la Basílica de San Pedro en homenaje al Centenario del Genocidio Armenio, el 12 de abril del 2015.
Muchos no creyeron en esa noticia, muchos dudaron de que el Papa Francisco pudiera realizar algo semejante. Sin embargo los que conocimos a Mons. Bergoglio, hombre humilde pero grande en espíritu y en verdad.

Y llegó el 12 de abril, y la Basílica de San Pedro en Roma se transformó en tierra armenia. El Papa Francisco rodeado por  tres Patriarcas armenios y la presencia del Presidente de la República de Armenia.

Algo diferente sucedía, el Papa quiso leer un documento antes de comenzar la Misa propiamente dicha. Era la confirmación de la verdad histórica, y el pronunciamiento categórico, y sin miedo alguno, porque es la cabeza de la Iglesia Católica y la iglesia no puede ni debe mentir y por eso dijo : “nuestra humanidad vivió en el siglo pasado tres grandes tragedias inauditas: la primera, aquella que generalmente viene considerada como ‘el primer genocidio del siglo XX’”, como dijo San Juan Pablo II en 2001. “Ésta golpeó vuestro pueblo armenio –primera nación cristiana- junto a siro-católicos y ortodoxos, a los asirios, a los caldeos y a los griegos”, aseguró el Papa y recordó que “fueron asesinados obispos, sacerdotes, religiosos, mujeres, hombres, ancianos e incluso niños y enfermos indefensos”.

Y como era lo esperado, sin esperar el final de la Misa, la noticia había recorrido por el mundo y pronto tuvo su efecto. Una fuerte ola de críticas fue generada entre las autoridades turcas, lo que desembocó inmediatamente en el retiro del Embajador Turco del Vaticano . Continuando su actitud negacionista de la verdad histórica.

Permítanme, como eclesiástico, reivindicar la voz de aquellos eclesiásticos, religioso y religiosas que derramaron su sangre en ese genocidio, y no quisiera que pase al olvido, con decir simplemente fueron un millón y medio de mártires.

Numerosas iglesias fueron incendiadas tras haberse encerrado en ellas a mujeres, hombres y niños junto a sus eclesiásticos. Otras fueron convertidas en depósitos, cuarteles, mezquitas o prostíbulos. Años después en la Turquía republicana, durante la presidencia de Mustafa Kemal, muchas de esas iglesias fueron dinamitadas. Esta política de destrucción continua hasta el presente. No hay que omitir el hecho de que cada pueblo de la Armenia Occidental, tenía su Iglesia y al menos un párroco y cada ciudad poseía varios sacerdotes, sea de la Iglesia Apostólica Armenia, de la Iglesia Católica Armenia o también pastores de la Iglesia Evangélica Armenia. Se calcula que fueron más de 4500 los eclesiásticos, cifra terrible por su magnitud numérica y también por el hecho de que entre esas pérdidas figuraban religiosos de notable preparación teológica, filosófica, pedagógica, oradores y escritores, lo que da una pauta del peso especifico que tuvo ese gigantesco golpe sobre la labor evangelizadora del cristianismo.Según la Revista Pazmaveb de la Congregación Mekhitarista, en su número de octubre de 1919, menciona que la Iglesia Armenia Católica perdió a 8 obispos, 106 archimandritas, y 55 monjas como mártires.Hoy, en este centenario del Genocidio Armenio, deseo rendir un especial homenaje a todos estos religiosos y religiosas que defendieron su cristianismo y su pertenencia a su Identidad armenia y a su fe cristiana siguiendo  el mismo ideal de Vartanants del año 451, de morir por la fe y por la identidad armenia.

Dios les conceda el descanso y la paz eterna y nosotros seamos dignos seguidores e imitadores de esos sentimientos de entrega a nuestro pueblo y gritemos sin callar jamás, basta de genocidios, basta de exterminios, basta de persecuciones religiosas o étnicas, como continúa sucediendo aún hoy en medio oriente.  El Papa Francisco lo dijo sin miedo, a pesar de todas las consecuencias políticas que eso podría acarrear.Gracias Francisco por ayudarnos a ser más armenios, gracias Argentina por recibirnos en esta bendita tierra dándonos la libertad religiosa y cultural.

No nos olvidemos de nuestra Historia, porque el reclamo y la cuestión armenia aún no terminaron, este es simplemente el inicio del final de una verdadera historia que reclama reconocimiento y justicia no solo para los armenios sino para todos los pueblos del mundo.



Desde nuestro Álbum Fotográfico, puede acceder a las fotografías de la Santa Misa y del Acto Cívico del 31 de mayo de 2015.